En estas extrañas circunstancias en las que el abatimiento, la incertidumbre, el encierro, la tristeza y la falta de esperanza se están adueñando de nuestras vidas, es más necesario que nunca centrarnos y posicionarnos en aquello que la historia ha demostrado que puede ayudarnos a superar las más horribles de las tragedias y hacernos madurar como especie y como sociedad: los valores.

Llevábamos muchos años leyendo titulares, casi a diario, sobre la falta de valores y sus consecuencias más nefastas simplificadas en una intolerancia máxima al otro, al que piensa diferente y al que hace diferente, olvidando que la suma de todas las ideas, el esfuerzo y el empeño de todos es lo que nos ha traído hasta aquí. Cuando el virus llegó ya estábamos en plena crisis ética, huérfanos de referentes económicos y políticos. Y, paradójicamente, si esta crisis global ha puesto de manifiesto nuestra falta de valores también ha resultado todo lo contrario, dándonos a conocer los venerables y valientes actos de todos esos héroes anónimos que cada día se concentran en hacer su trabajo lo mejor posible.

HACER es una consecuencia del SER. Esto lo hemos visto a diario en selecciones de personal cuando nos hemos encontrado talento a raudales con unos principios muy distintos a los de la empresa a la que se aspiraba. No hay nada que hacer, es una relación sin futuro. Es algo que podemos observar en parejas, asociaciones y todo tipo de congregaciones humanas. Los valores nos unen y nos hacen más fuertes. A nivel individual elevan nuestra labor y, cualquiera que esta sea, es imprescindible para que la sociedad funcione y avance. En estos tiempos de confinamiento ya nadie duda del excelente y necesario servicio de sanitarios, personal de limpieza, farmacéuticos, personal de pequeñas tiendas y supermercados, transportistas, agricultores, ganaderos y fuerzas del estado, a quienes debemos nuestra protección y seguridad, pero no son solo ellos: todos los que, cada día, dan lo mejor de sí, leyéndonos un poema, cantando, contando chistes, haciendo manualidades, compartiendo recetas, promocionando la cultura, bailando, aplaudiendo, animando a los suyos a quedarse en casa y mantenerse a salvo, los que ayudan a sus hijos a hacer los deberes cuando nunca quisieron ser maestros, los maestros comprometidos que no han perdido el contacto con su alumnado, las personas que llevan la comida a los mayores para que no tengan que desplazarse, los que escriben cartas a aquellos recluidos en soledad… los ejemplos de valores humanos son infinitos.

Los valores están determinados por la cultura y se manifiestan a través de ciertos comportamientos. La cultura no es algo estático, puede modificarse, ampliarse y reinventarse tanto personal como colectivamente, no es algo innato, es algo que interiorizamos a base de la experiencia propia y ajena. No es justificante el haber crecido en una familia sin excesivos valores como no lo es trabajar en una empresa que, en realidad, es solo un negocio. Si confías en tus valores y eres coherente con ellos es más probable que encuentres tu sitio en el mundo y, sobre todo, es muy posible que puedas dotar de sentido a tu vida y ayudar a que otros lo hagan.

Sabemos que es tiempo de dolor, de desánimo, de desdicha, de una tragedia inconmensurable… pero también es tiempo de congratularnos por los centenares de ejemplos de organizaciones que elevan nuestro orgullo de pertenencia tratando de aportar aquello que saben hacer: cocinar para los que están en IFEMA, dejar de fabricar bebidas alcohólicas para procurar que no nos falten antisépticos, parar la producción para elaborar mascarillas protectoras, diseñar patrones que las hagan más bonitas, para que podamos seguir adelante simulando una sonrisa escondida y escondiendo el corazón encogido… empresas que cuidan de sus empleados… empresas con valores.

Aunque los hábitos se han modificado y volverán a modificarse a lo largo y ancho de nuestra historia, los valores se han mantenido firmes y nos han erigido como la especie superviviente del planeta Tierra. Los valores nos ayudan a saber qué es correcto y qué no lo es, lo que suma y lo que resta, lo que merece la pena y lo que no la merece, ahora más que nunca.

Por eso os animamos a que, como personas o como organizaciones, revisemos y reforcemos nuestros valores porque eso nos permitirá conocernos mejor, vivir con integridad, tomar decisiones que se adapten a nuestra forma de pensar, sabiendo cómo invertir mejor nuestro tiempo, priorizando lo que, de verdad, es importante. Si no sabes por dónde empezar, te presentamos un listado de los que hemos observado estos días y te invitamos a que participes, completándola, para que pueda servirnos a todos, cuando empecemos a salir a la calle tras tanta desgracia.

  • Compasión. Ser capaces de sentir el sufrimiento de los demás y poder ofrecer nuestra ayuda.
  • Gratitud. Ser agradecidos poniendo el foco en aquello que sí tenemos/hacemos/somos y no en aquello que no. Dar las gracias, sí, ahora mismo, en este momento, a todos los que nos ayudan a que podamos seguir adelante.
  • Honestidad. Ser objetivo, hablar con sinceridad, sin exagerar, sin hacer aseveraciones sin pruebas.
  • Humildad. Ser conscientes de que tenemos defectos y aceptarlos, con la fortuna de poder elegir si queremos mejorarlos, eliminarlos o simplemente convivir con ellos.
  • Prudencia. Ser cautos, evaluar los riesgos y controlarlos en la medida de lo posible. No criticar de forma gratuita, aportar soluciones; darnos cuenta de que, a veces, valoramos a los demás sin tener toda la información para poder hacer una apreciación justa.
  • Respeto. Ser considerados y atentos con el resto de las personas. No hace falta estar de acuerdo con ellas pero sí escuchar y mirar al otro para poder entender. Muchas veces, eso nos reafirmará en nuestras convicciones, otras nos hará dudar, incluso puede hacernos cambiar de opinión; cualquiera de estas opciones nos enriquecerá.
  • Responsabilidad. Ser y estar comprometido con lo que nos compete: nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra comunidad, nuestra empresa, nosotros mismos.
  • Sensibilidad. Ser compasivos, ser empáticos con el resto de personas que habitan este maltrecho mundo tratando de entender el dolor ajeno.
  • Solidaridad. Ser generosos ofreciendo nuestro esfuerzo de manera altruista para ayudar a quienes más lo necesitan.
  • Voluntad. Ser dueños de nuestro destino, capitanes de nuestra alma, como diría el poeta. Dejar de echar balones fuera y ser responsables de nuestras decisiones y nuestros actos. No solo sobrevivir, vivir lo mejor posible también es cuestión de voluntad.

Share :

Expertos en cultura corporativa

Madrid

Las Palmas

Escríbenos

Síguenos