El niño que todos llevamos dentro: motivarse o envejecer

La cuenta atrás ya ha comenzado, ¿o es la cuenta hacia delante? Tú decides.

Se acaba el año. Ya veo qué cara pones. Te lo voy a decir de otra manera: un año nuevo está a punto de comenzar, ¿qué tal ahora? Huele a estrenar. Toca comprar la agenda y señalar todos los cumpleaños y fechas importantes. Empezar a enumerar todos los propósitos, ahora que todavía estamos convencidos de que  los vamos a cumplir.

Si a algunos adultos nos preguntaran si querríamos regresar a disfrutar de una navidad como niños, probablemente, diríamos que sí, con los ojos cerrados. Era tan bonito aprender, crecer, no tener responsabilidades… jugar a cualquier hora.

¿Qué nos ha pasado? ¿Dónde se ha quedado la ilusión, las ganas de comenzar algo nuevo, la aventura de aprender?

Incluso las noches de los domingos, con el uniforme en la silla, los libros en la mochila, ese pellizco en la tripa, el miedo a quedarse dormido, las ganas de ver a los compañeros… Ahora contamos los días para el siguiente puente, y los domingos lo más ingenioso que se nos ocurre decir es “de vuelta a la rutina” y, si venimos de vacaciones, aunque sean las de navidad, hablamos de “depresión postvacacional”. Nos hemos convertido en gente mayor. Nos hemos rendido a la cordura. Trabajar, pagar facturas, llevar a los niños al cole y cruzar los dedos para que no se nos rompa el coche este mes. Es todo.

Seguro que tú también llevas un niño dentro…

Quizás hemos renunciado porque hemos confundido el enfoque. Quizás hemos depositado toda nuestra motivación en el tiempo libre y nos hemos olvidado de que la motivación viene de dentro. Está ahí, escondida, sujeta entre las manos del niño que llevamos dentro, deseando salir a jugar.  Deja ya de esperar a que venga tu jefe a darte una charla de esas de YouTube para que te suba tanto la moral que no te importe trabajar 12 horas más. Deja de leer ese articulito del ABC titulado “7 consejos para volver de las vacaciones con buen humor”. Déjate de dramas, y vamos a enfrentarnos a todo lo mucho y bueno que tenemos.

Deja de enfocar el trabajo como un instrumento que sirve únicamente para ganar dinero. Además de, hoy en día, ser una fortuna, el trabajo puede ser una oportunidad para realizarte como persona, para sentirte útil en tu comunidad, y un proceso de aprendizaje constante, incluso puede ser un foco de diversión. Esfuérzate y trabaja para vivir mejor. Sácale partido a esa inversión.  Busca tu motivo, sea el que sea, coge aire e impúlsate, date esa palmadita en la espalda que tanto necesitas. Tu trabajo es ese al que dedicas un tercio de tu vida, hazlo bien, hazlo bonito. Márcate objetivos alcanzables, plantéate retos nuevos, encuentra en tu día a día algo que te deje sacar  pasear al niño que llevas dentro y, como dijo Beckett, si lo intentas y fallas, no importa, inténtalo de nuevo, falla de nuevo, falla mejor.

El cole fue una etapa maravillosa, el sistema educativo, sin embargo, dejó mucho que desear. Se olvidaron de prepararnos para estar a solas con nosotros mismos, con nuestros días difíciles y nuestras malas rachas. Con nuestras obligaciones. Qué bueno hubiese sido tener asignaturas como: Aprender a vivir, Automotivación, Inteligencia Emocional, Coaching…

 

Un palo, ¡un palo!

El caso es que no las hubo, así es que nos toca re-aprender, y esta vez sí, esta vez vamos a marcar como propósito para el 2018, ser felices en nuestros empleos, desarrollar nuestras ideas, aportar ilusión, crear un ambiente de trabajo que favorezca las relaciones humanas. Esta vez vamos a decidir volver a ser a niños. Disfrutar de cada día, ser positivos y alegres, esta vez nos vamos a plantear, muy seriamente, jugar.

 

Roberto Chanrai

roberto.chanrai@audazia.com

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