La automatización, ¿objetivo para las empresas?

La automatización de procesos

Hace unas semanas, durante una reunión con un cliente, mientras analizábamos el grado de implantación de la Cultura Corporativa, surgió el concepto de automatización de procesos. Comentábamos como, mientras los trabajadores con una mayor confianza en la organización lo ven como una oportunidad, aquellas personas con menor orgullo de pertenencia lo perciben como una amenaza.

Esta conversación me llevó a meditar sobre por qué, en realidad, las empresas automatizan algunos de sus procesos. La respuesta me parecía más que obvia: porque hay que disminuir costes, disminuir el tiempo de ejecución, mejorar la calidad del producto final, tener un mayor control sobre sus procesos, minimizar los errores en la ejecución, etc. ¿Y eso no es lo que denominan mejorar la eficiencia de sus procesos y de la propia organización?

Esta reflexión derivó en otra cuestión: ¿Qué consigue una empresa con la eficiencia?

Para poder responder a esta pregunta, acudí­ al libro de consulta por excelencia, el Diccionario de la Lengua Española, que hace referencia a la “Capacidad de disponer de alguien o de algo para conseguir un efecto determinado». Definición muy parecida a la que hace de eficacia: “Capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera”. La única diferencia que pude encontrar entre estas definiciones es que la eficiencia, de alguna manera, se refiere a los recursos a utilizar con el fin de obtener un propósito.

La eficiencia productiva tiene lugar cuando una economía está utilizando todos sus recursos de manera eficiente, obteniendo la máxima producción con el mínimo de recursos.

Como la definición me pareció ambigua e incompleta, decidí­ consultar otras variantes de la palabra.

Entonces, opté por hacer una búsqueda más específica llegando a la definición de eficiencia productiva: “La eficiencia productiva tiene lugar cuando una economía está utilizando todos sus recursos de manera eficiente, obteniendo la máxima producción con el mínimo de recursos”.

Esta definición se acerca mucho más al significado que para mí tiene el término, pero si nos basamos en esta, por ejemplo, las marcas de coches de lujo o la alta joyería, no serán empresas eficientes, ¿es que no todas las empresas buscan la eficiencia?

Esta reflexión me obligaba a seguir buscando otro tipo de eficiencia, la eficiencia en los negocios, en la organización, gestión y administración de empresas. Fue, entonces, cuando encontré la definición que me permitiría seguir con la cabeza bien alta, tras muchos años defendiendo que toda organización debe mejorar, de forma consciente y constante, su eficiencia.

Este concepto de Eficiencia, la económico-empresarial, es diferente al de Eficiencia técnica que se utiliza en otras ciencias. No se trata de la maximización del Producto por unidad de energía o de materias primas, sino de una relación entre el Valor del Producto y de los Recursos utilizados para producirlo. La Eficiencia Económica pone de relieve entonces la relación entre el Coste y el Valor de lo producido.

Teniendo en cuenta esta última definición, podemos afirmar que la eficiencia económica se basa en la rentabilidad medida en términos absolutos de los input, es decir, la diferencia entre los costes de producción y el valor del producto en el mercado. Por lo tanto, la clave no radica solo en la cantidad de recursos utilizados, sino en el resultado, medido en unidades económicas, que obtenemos con estos recursos.

¿La fabricación de coches de alta gama es eficiente?

Si, por ejemplo, pensamos en dos fabricantes de coches: el primero fabrica un coche tipo A cuyo valor de mercado es de 100 u.m. y el coste de fabricación es de 75 u.m., el segundo fabricante produce coches tipo B cuyo valor de mercado es de 200 u.m. y su coste de fabricación es de 125 u.m.; ¿Son eficientes ambos fabricantes? ¿Es posible mejorar la eficiencia en ambos casos? ¿Qué fabricante es más eficiente?

Serán eficientes en la medida que sean capaces de optimizar sus inputs, teniendo en cuenta las infraestructuras y procesos con los que cuentan. Por supuesto, la eficiencia siempre puede mejorar a través de la reingeniería. Es muy difícil comparar la eficiencia de empresas que no producen un producto idéntico, hablaríamos de la rentabilidad de los inputs (RAI).

Llegados a este punto, solo queda preguntarnos qué hace que el precio de mercado de un bien u otro sea el doble, mientras que los costes asociados no se duplican; es decir, ¿por qué estamos dispuestos a pagar más por algo que ha costado, en proporción, menos producirlo? Este fenómeno es el resultado del denominado valor añadido.

Tras todas estas reflexiones he podido llegar a una conclusión: la automatización, solo tendrá sentido, en aquellos procesos en los que el desempeño de las personas sea más costoso que el valor añadido aportado al consumidor, en comparación con la máquina. Es decir, un proceso de producción más costoso puede ser compensado por un incremento mayor en su valor añadido, justificando así­ la presencia de la mano de obra en los procesos de producción o servicios.

JAVIER VIRUEL

javier.viruel@audazia.com

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